• Tim Lietzke

     Español abajo. 

This issue of “Semillas” was conceived as devoted to the reflections of the younger members of our community, more specifically the young adults. I have been finding myself more and more attracted to and in communion with various of these younger adults as well as admiring of their perceptive, open, and tender-hearted spirits. Actually, anyone can be young, if as in yoga, we understand “young” as being flexible, or more broadly, adaptable. 

These young adults and young at heart I’m speaking of not only are aware of the difficult environmental, economic, and political straits we’re in, but also are discerning how to adjust their wants, lifestyles, and livelihoods to enable them to live fairly and justly in the present circumstances. Most I know are vegan or moving in that direction. Few own vehicles and some are committed walkers or cyclists. They question airplane travel because of its great contribution to global warming. They don’t have big houses or lots of possessions (and I hope they will resist that temptation). Most are committed to work that directly confronts the global problems we face. Generally they freely express inner spiritual states and sometimes do so with great emotion. Often they’re as willing to adopt children as to bring more children into the world. Some would only adopt. Some are optimistic about the future; most see hard times ahead with much suffering, especially for those with the least space and resources. Perhaps most encouragingly, they are conscientiously determined to explore how to make their lives consistent with their principles and then to actually do it.

We live in a world of fixed size and, given our present technological and spiritual state of development, of limited resources. In considering what is a fair share of land and resources available for me as one human being, I must take into account seven and a half billion other humans as well as a plethora of other life forms, animal and plant. Can personal needs and wants be adapted accordingly without diminishing but instead enhancing our happiness? That is an important moral question to which some flexible people of various ages, but all young at heart, answer “yes”.



Esta edición de “Semillas” fue concebida ser dedicada a las reflexiones de los miembros más jóvenes de nuestra comunidad, específicamente de los adultos jóvenes. He estado encontrándome cada vez más atraído a ellos y en comunión con unos de ellos y también admirativo de sus espíritus perspicaces, abiertos, y compasivos. Realmente cualquiera puede ser joven, si, como en el yoga, entendemos “joven” como ser flexible, o más generalmente adaptable.

Estos adultos jóvenes y los jóvenes en el fondo de los cuales digo no sólo están enterados de nuestro aprieto ambiental, económico, y político, sino también están perspicaces de cómo ajustar sus deseos, estilos de vida, y subsistencias para capacitarlos a vivir justamente en las circunstancias actuales. La mayoría de los jóvenes que conozco son veganos o moviendose en ese rumbo. Pocos tienen carros y algunos son andadores cometidos o ciclistas. Preguntan la propiedad de viaje por aeroplano a causa de su gran contribución al calentamiento de la Tierra. No tienen grandes casas ni muchas posesiones (y espero que puedan resistir esa tentación). La mayoría es cometida a trabajo que directamente confronta los existentes problemas globales. En general expresan libremente interiores estados espirituales y a veces hacen así con mucha emoción.  A menudo son tan inclinados a adoptar niños como darlos a la luz. Algunos los adoptarían  solamente. Algunos son optimista sobre el futuro; la mayoría prevé tiempos duros con mucho sufrimiento, especialmente por ellos que tienen el más mínimo espacio y recursos. Quizá más alentadoramente, están resueltos concienzudamente a explorar cómo hacer sus vidas consistentes con sus principios y entonces realmente actuar eso.

Vivimos en un mundo de tamaño fijado y, dado nuestro tecnológico y espiritual estado de desarrollo, de recursos limitados. Para considerar qué sea una justa parte de terreno y recursos disponible por habitante mundial, se debe tomar en cuenta siete y media mil millones de otras personas y también una plétora de otras formas de vida, animal y vegetal. Pueden las necesidades y deseos personales ser adaptados por consiguiente sin disminuir pero acrecentar nuestra felicidad? Eso es una importante cuestión moral a la cual algunas personas flexibles de varias edades, pero todas jóvenes en el fondo, contestan “si”.