– Katy VanDusen

Español abajo.

Yoga citta vritti nirodha.   Supposedly a man named Patanjali wrote this yoga sutra in Sanskrit about 2000 years ago. I understand it to mean this: Yoga is the practice of being at peace, in harmony, unity, and connection with the universe in the midst of constant action, fluctuation, and change. It is being calm in the midst of the storms in our minds.

The storm in my mind is a daily furor between the left and right sides of my brain. Left Brain says “Do!” Right Brain says “Be.” Left Brain tends to be the dominant aggressor.

Left Brain spins into action as I wake up, cranking up my to-do list for my day, week, or year.

After brushing my teeth, before writing that to-do list, I have a morning routine to nurture my spirit and give Right Brain a head start in the day.

I start by meditating. I sit tall, close my eyes, and tune into what I am hearing, smelling, feeling. As Left Brain takes me wandering into the analytical, planning world, I work to allow Right Brain to keep me in the present. I observe and feel the air flow in and out of my lungs, the bonks of the bellbirds, the chorus of the wood quail, an airplane hum, the whiff of lavender, the stretch in the side of my thigh, my connection to it all.

Then, I open my eyes, reach for my pencil, eraser, and journal. I draw something in the bedroom or a scene outside. Left Brain says, “Make this quick. You have lots of important things to do. Right Brain says ok and then ignores the passing of time. I settle into transferring what I see onto paper. Left Brain relaxes and lets Right Brain take over. Sometimes I look in the mirror and draw a self-portrait. I love drawing Frank, my husband, if he is still dozing.

If he isn’t still in bed, he has probably brought me peppermint tea with a kiss.

After drawing, I write. I start where my meditation left off. Right Brain is wordless. Left Brain loves words. Journaling encourages logical Left Brain to stay in the present. I note wren songs or the wind, whether the clouds are stratus, cumulus, nimbus or a combo; jot down my thoughts and feelings as I observe them. Most mornings, I glance back at what I just drew and am pulled back to tweak it, accentuating a line, darkening a shadow. As I journal, I articulate lessons learned from a teacher, a book, or a mistake. Sometimes I set intentions such as “have equanimity,” “show kindness,” “write a thank you note. I work not to slip into making a to-do list. Sometimes that is hard. When I need to let go of a nagging idea, I have a little pad nearby on which I can jot down those tasks I really don’t want to forget, like send birthday wishes to Frank’s sister.”

As I make the bed, I take joy in smoothing the blankets. Left Brain is engaged and relaxed, just as I want my muscles to be engaged and relaxed in yoga postures. But by the time I get downstairs to make breakfast my throat may start constricting as Left Brain yells: So much to do, so little time!

I take a deep breath and open the Dutch door, feeling like Dorothy landing in Oz, a world sparkling with thirty shades of green. I slip on my garden clogs and binoculars. On the path through the woods, I pause to follow the song of the Orange-billed Nightingale Thrush or the call of a bird I don’t recognize.

Checking the rain gauge satisfies Left Brain. I water the seedlings, pluck flower buds off the basil, harvest some lettuce and cherry tomatoes, pull a few weeds, watch a hummingbird sip from the Stachytarpheta. While gardening, I am being and doing. Left Brain relaxes again.

After breakfast, I write my to-do list for the day. Powered by chai, I immerse myself into the world of my phone and computer. I respond to emails about solar panels or getting out the vote. I write proposals to fund collective transportation. I talk with a truck driver about how much septic waste he hauled last year. Left Brain is thrilled to check off accomplished tasks.

Right Brain loves being in the flow, absorbed in a conversation or calculation, and the moments that punctuate the flow with stretches and twists, and glimpses of warblers fluttering in the bird bath.


Yoga citta vritti nirodha.   Supuestamente, un hombre llamado Patanjali escribió este sutra del yoga en sánscrito hace unos 2000 años. Yo lo entiendo así: el yoga es la práctica de estar en paz, en armonía, en unidad y conexión con el universo aún en medio de la constante acción, fluctuación y cambio. Es estar calmado en medio de las tormentas en nuestras mentes.

La tormenta en mi mente es un furor diario entre los hemisferios izquierdo y derecho de mi cerebro. Cerebro Izquierdo dice “¡Hacer!” Cerebro Derecho dice “Ser“. Cerebro Izquierdo tiende a ser el agresor dominante.

Cerebro Izquierdo se pone en acción al despertarme, poniendo en marcha mi lista de tareas para mi día, semana o año.

Después de cepillarme los dientes, antes de escribir esa lista de cosas por hacer, tengo una rutina para nutrir mi espíritu y darle ventaja apoyar a Cerebro Derecho.

Comienzo por meditar. Me siento con la columna alta, cierro los ojos y me sintonizo con lo que estoy oyendo, oliendo, sintiendo. Mientras Cerebro Izquierdo me lleva deambulando por el mundo analítico y de planificación, trabajo para permitir que Cerebro Derecho me mantenga en el presente. Observo y siento el flujo de aire entrando y saliendo de mis pulmones, los BONK de los pájaros campana, el coro de las codorniz pechinegra, el zumbido de un avión, el olor a lavanda, el estiramiento en el costado de mi muslo, mi conexión con todo.

Luego, abro los ojos, tomo mi lápiz, borrador y diario. Dibujo algo en el cuarto o una escena afuera. Cerebro Izquierdo dice: “Hazlo rápido. Tienes muchas cosas importantes que hacer”. Cerebro Derecho dice “ok” y luego ignora el paso del tiempo. Transfiero lo que veo al papel. Cerebro Izquierdo se relaja y deja que Derecho se haga cargo. A veces me miro en el espejo y dibujo un autorretrato. Me encanta dibujar a Frank, mi esposo, si todavía está dormitando.

Si él no está en la cama todavía, probablemente me ha traído té de menta con un beso.

Después de dibujar, escribo. Comienzo donde terminó mi meditación. Cerebro Derecho no tiene palabras. Cerebro Izquierdo ama las palabras. Escribir en el diario anima a Cerebro Izquierdo lógico a permanecer en el presente. Observo las canciones de los soterreyes, el viento, si las nubes son estratos, cúmulos, nimbos o una combinación; anoto mis pensamientos y sentimientos mientras los observo. La mayoría de las mañanas, miro hacia lo que acabo de dibujar y me devuelvo a ajustarlo, acentuando una línea, oscureciendo una sombra. A medida que escribo, articulo las lecciones aprendidas de un maestro, un libro o un error. A veces establezco intenciones como “tener ecuanimidad”, “mostrar amabilidad”, “escribir una nota de agradecimiento”. Trabajo para no hacer una lista de cosas por hacer. A veces es difícil. Cuando necesito soltar una idea recurrente, tengo una libreta al lado donde puedo apuntar las tareas que realmente no quiero olvidar, como “enviarle una tarjeta de cumpleaños a la hermana de Frank”.

Mientras tiendo la cama, disfruto de acomodar las cobijas. Cerebro Izquierdo está activo y relajado, así como quiero que mis músculos se activen y se relajen en las posturas de yoga. Pero cuando voy a preparar el desayuno, puede que mi garganta comience a apretarse mientras Cerebro Izquierdo grita: “¡Hay tanto que hacer, y tan poco tiempo!”

Respiro hondo y abro la parte de arriba de la puerta, sintiéndome como Dorothy aterrizando en Oz, un mundo resplandeciente con treinta tonos de verde. Me pongo los suecos y los binoculares. En el camino por el bosque, me detengo a seguir la canción del zorzal piquianaranjado o la llamada de un pájaro que no reconozco.

Mido el agua en el pluviómetro. Eso satisface a Cerebro Izquierdo. Riego las plántulas, arranco las flores de la albahaca, cosecho algunas lechugas y tomates, saco algunas malas hierbas, miro un colibrí bebiendo en la Stachytarpheta. Mientras trabajo en la huerta, estoy siendo y haciendo. Cerebro Izquierdo se relaja de nuevo.

Después del desayuno, escribo mi lista de cosas por hacer. Energizada por un té chai, me sumerjo en el mundo de mi teléfono y mi computadora. Respondo a los correos electrónicos sobre paneles solares o comparto información sobre cómo votar. Escribo propuestas para financiar el transporte colectivo. Hablo con un conductor de camiones sobre la cantidad de desechos sépticos que transportó el año pasado. Cerebro Izquierdo está encantado de marcar las tareas realizadas.

Cerebro Derecho ama estar en esta corriente, concentrado en una conversación o cálculo, y en los momentos que marcan el flujo con estiramientos y torsiones, y las observaciones momentáneas de reinitas revoloteando en la pila para pájaros.