• Pam Holschuh

     Español abajo. 

Over the past 6 years I have gotten asked the first question quite often, especially since I started working at the Monteverde Friends School and I have only begun to play with the second.

Growing up in a household that was utterly devoid of Spirit pushed me to be a seeker.

I began practicing Yoga in high school, dabbled in Buddhism in college, set out again in my twenties, and landed at Quakerism upon arriving in MV.

Walking out of Meeting for the first time with a rich exhale… “Finally, a religion that hasn’t told me what to believe, a religion that has only asked me to listen…”

This piece about “…only asking me to listen,” was deeply entrenched in listening to myself. Not listening to most often a man in a pulpit, but listening to each and every energetic being around me, wait, around us.

This is also exactly what draws me to Quaker education. A way of teaching that does not strive to tell students what to think, but encourages them to question, to explore, to arrive at conclusions that stem from inquiry, that are grounded in evidence.

At the core of this questioning is exactly what draws me to Quakerism, an ask that one doesn’t follow blindly, an ask to live life within the continuous revelation that comes with questioning, that comes from listening.

“Am I Quaker?”


Durante los últimos 6 años he conseguido la primera pregunta muy a menudo, sobre todo desde que empecé a trabajar en la Escuela de los Amigos de Monteverde y sólo he comenzado a jugar con el segundo.

Crecer en un hogar que era totalmente carente de Espíritu me empujó a ser un buscador.

Empecé a practicar yoga en la escuela secundaria, incursionó en el budismo en la universidad, de nuevo, en mis veinte años, y aterrice en Cuaquerismo al llegar a MV.

Al salir de la reunión por primera vez con una rica exhalación… “Por último, una religión que no me ha dicho qué creer, una religión que sólo me ha pedido que escuche…”

Este artículo sobre “… sólo me pide que escuche”, estaba profundamente arraigada en la escucha de mí misma. No escuchar más a menudo como un hombre en un púlpito, pero escuchando a todos y cada ser energético a mí alrededor, espera, que nos rodea.

Esto también es exactamente lo que me atrae a la educación Cuáquera. Una forma de enseñanza que no se esfuerza en decir a los estudiantes qué pensar, pero les anima a cuestionar, explorar, para llegar a conclusiones que se derivan de la investigación, que se basan en la evidencia.

En el núcleo de este cuestionamiento es exactamente lo que me atrae a los Cuáqueros, cuando le preguntan una pregunta que uno no sigue ciegamente, una pregunta a vivir la vida dentro de la revelación continua que viene con el interrogatorio, que viene de la escucha.

“Soy Cuáquera?”